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Reflexiones sobre el parlamentarismo

El termino democracia a resultado ser para las sociedades occidentales un término límite en el pensamiento político contemporáneo, es decir, que para el pensamiento político actual no hay sociedad que pueda llevar a cabo un nivel de perfeccionamiento político más allá del término-marco democracia. Las sociedades actuales pueden mejorar y reformar los distintos elementos que resultan accesorios a este término.

Sin embargo, la utilización del término democracia durante el desarrollo y transcurso de la historia ha sido bien diferente. Lo que en un momento determinado significó autogobierno por asambleas, en otro momento de la historia ha venido a significar otra cosa bien distinta. Frente a la distancia significativa de este término, entre los diferentes momentos históricos, el conjunto de las sociedades, que se han llamado a sí mismas desarrolladas, han utilizado el término democracia o democracia parlamentaria para definir la forma de Estado.

De esta manera, podríamos decir que la democracia parlamentaria, o lo que se ha llamado también sistema representativo, constituye una forma de Estado que no ha de tener más de 300 años. Sin embargo, a pesar de que este fenómeno, que podríamos llamar parlamentario es bastante novedoso, se inserta en una tradición política basada en el desarrollo y aceptación de la idea de Estado como elemento regulador de la vida social.

La democracia parlamentaria o representativa es, solamente, una forma más en la que el Estado se presenta ante la sociedad, cuestión que supone una diferencia clara con el conjunto de instituciones del Estado.

De esta manera, quedaría bien diferenciado entre la forma en la que se presenta el Estado y por otra parte el propio ente estatal. Sería un error pensar que tales cosas son las mismas, ya que el Estado es una forma de organización de la sociedad que podemos observar en el decurso histórico y que se ha ido desarrollando durante ciertos momentos de la historia, y evidentemente no durante toda la historia del ser humano, ya que éste ha vivido bajo formas de organización social no estatales, tanto preestatales como postestatales.

La democracia parlamentaria o representativa añade una institución más, así como un conjunto de prácticas e instituciones asociadas a esta que la suponen. El parlamento es solamente una institución más de las muchas instituciones que integran el aparato estatal, con la característica de que las personas que se integran en esa institución son elegidas “democráticamente” en un comicio electoral, bien mediante una elección directa o una elección indirecta.

Sin embargo, dentro del Estado existe un conjunto de personas que son elegidos “democráticamente” por medio de diferentes tipos de sufragios, a estas personas se las denomina parlamentarios, pero el Estado también se ve integrado por personas que no son elegidas “democráticamente”.

Existen evidentemente un conjunto de personas integradas en instituciones estatales que no son elegidas “democráticamente”. Aquí tenemos al Ejército, la policía, el aparato Judicial, el aparato Fiscal y de Impuestos, el Servicio Secreto, los Cuerpos de Inteligencia del Estado, el personal de los Ministerios, el conjunto de los asesores financieros, ministeriales, económicos, legislativos, etc., y como no, un conjunto de personas que forman parte de una red de delatores y personas que hacen el juego sucio a la policía.

Incluso siendo críticos con el significado y la profundidad del término “democracia” de las sociedades parlamentarias, podemos llegar incluso a afirmar que el sistema democrático y representativo que nos presentan, incluso aceptando la terminología “democrática” no es realmente un sistema democrático ni tampoco representativo.

El Ejército y la policía, por ejemplo, no constituyen instituciones elegidas por el pueblo, por lo que no son instituciones "democráticas" porque no han sido elegidas por él, pero, por su propia estructura y organización, tampoco pueden serlo.

La paradoja, en estos casos, es la siquiente: para que un poder, como el judicial, sea "imparcial" no puede ser elegido por el pueblo, es decir, no puede ser elegido “democráticamente”, porque si no la elección no garantizaría la imparcialidad; pero sin embargo, para que una institución sea “democrática”, sus miembros han de ser elegidos mediante un comicio electoral. La paradoja destaca la completa incompatibilidad de lo “democrático” y la necesiad de “imparcialidad”, en los términos del sistema representativo.

Finalmente, nos damos cuenta de que lo que se presenta como un Estado democrático realmente no lo es, ya que supone que solamente unas pocas instituciones permiten que sus miembros sean elegidos “democráticamente”, mientras la mayoría de sus instituciones quedan independientemente alejadas del pueblo.

Quizás, el ejemplo más claro de todos ellos es el conjunto de las instituciones militares, que son al mismo tiempo la parte más importante del Estado, la que supone capaz de imponer, en último término, el conjunto de las órdenes del gobierno. Pero evidentemente el poder militar no se supone subordinado a ninguna institución democrática en la realidad, sino que constituye un poder independiente que actúa en función de sus propias necesidades.

Observando realmente que el conjunto de las instituciones del Estado, o al menos la mayoría, no son instituciones democráticas somos capaces de reconocer, incluso en los términos de sus propios defensores, que el Estado democrático ni siquiera puede ser calificado como tal.

Si añadimos, además, que el término democracia ha venido a significar por el conjunto de sus defensores, algo bastante diferente de lo que en un principio significa no podemos dejar de suponer también que la garantía de que sea democrático, se desvanece.

Las sociedades actuales han hecho creer que una institución o una sociedad es “democrática” solamente si las personas que son reconocidas legalmente como autoridad son elegidas mediante el sufragio. El evidente desplazamiento de significado del término democracia que vendría a suponer etimológicamente “el poder del pueblo” pasa a ser algo así, para estos nuevos defensores de la democracia, como “el poder de los representantes del pueblo”, una diferencia bastante clara.

A pesar de esto, la “ficción democrática”, supone que la elección de este tipo particular de representantes es realmente representativa. Sin embargo, podemos llegar a afirmar que el tipo de elección y sistema de representación que inaugura el parlamentarismo tampoco es representativa, porque no puede garantizar de ningún modo las exigencias internas de la representación, que son la anterioridad, definición y transparencia de la voluntad representada. Para que cualquier voluntad pueda ser representada debe existir anteriormente, debe ser definida y debe ser transparente. El sistema parlamentario no garantiza ninguna de estas, sino que las pone en duda.

Solamente una sociedad organizada por asambleas puede garantizar estas tres exigencias de la representación. Ya que la representación se desarrolla por medio de un sistema de portavoces, por lo que garantiza la transparencia, suponiéndola anterior y constituyendo un acuerdo definido en una asamblea. Todo intento del sistema representativo por representar la voluntad popular siempre será opaco.

Por el contrario, las cualidades democráticas que impone el sistema representativo pueden reducirse a más bien a ver, oir y callar. Creando de esta manera a un pueblo al que legislar, ordenar, regular, contratar, marcar, dirigir, gobernar, detener, encarcelar, y asesinar. Este tipo de cualidades que se imponen al individuo inserto en una sociedad democrática se asemeja al individuo de una sociedad totalitaria. Por el contrario, una sociedad organizada por asambleas exigiría del ser humano lo mejor de sí mismo, exigiendo educarse, elevar su capacidad de socialización, mejorar sus capacidades del discurso público, así como de su capacidad de convencer, de sentir en los demás y en ellas mismas las necesidades de cada uno y una, de razonar y de argumentar, de hacerse responsable de sí mismo con las demás, de no dejarse embaucar de los falsos discursos y de las falsas argumentaciones, de protagonizar y reconocerse como un sujeto y no como un objeto al que engañar.

Una sociedad organizada por asambleas es el pueblo el que marca su propio destino, son las personas las que representan y defienden sus propios intereses y el de sus iguales, que se reúna y decida directamente en asambleas las forma de vida desde la que organizarse. Las asambleas deben ser el lugar no solamente donde tomar decisiones sino también de tratar los temas que afecten al comportamiento antisocial de las compañeras y los compañeros reunidos en sociedad, si estos no son capaces de hacerlo por sí mismos. El conjunto de las instituciones del Estado que permanecen fuera del alcance del pueblo deben ser asumías por este de diferente manera. La asamblea no solamente debe reunirse para tomar decisiones sino también para conciliar y arbitrar a las partes enfrentadas en un conflicto convivencial. Pero también llegado el momento, la sociedad debe realizar la función defensiva. Es decir, el pueblo debe aceptar como una imponente necesidad que la libertad del pueblo debe defenderse, que todo Ejército separado del pueblo constituye un peligro para su libertad. Así como la sociedad se debe reunir para tomar decisiones en los amplios aspectos de la vida, debe también armarse para defenderse de los tiranos.

Alfonso Salvador